Shenzhou-23: China da un paso decisivo hacia la Luna
El 24 de mayo de 2026, a las 23:08 hora de Pekín (15:08 GMT), China encendió su cohete Long March-2F en el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, enclavado en el desierto del Gobi, y envió la nave Shenzhou-23 con tres astronautas hacia la estación espacial Tiangong —cuyo nombre significa “Palacio Celestial” en chino—.
El acoplamiento con el módulo central Tianhe de la estación se completó apenas tres horas y media después del despegue, en una maniobra de encuentro rápido que constituye un hito técnico en sí misma.
Este vuelo representa el cuadragésimo vuelo del programa espacial tripulado chino y la séptima misión dentro de la fase de aplicación y desarrollo de la estación Tiangong.

La tripulación: tres astronautas, un récord histórico
La tripulación está formada por el comandante Zhu Yangzhu, ingeniero espacial de 39 años; el piloto Zhang Zhiyuan, ex piloto de la fuerza aérea también de 39 años que viaja por primera vez al espacio; y la especialista de carga Lai Ka-ying, de 43 años, ex inspectora de la policía de Hong Kong. Lai se convierte en la primera astronauta originaria de Hong Kong en llegar a la estación Tiangong, un hito que trasciende la exploración espacial y refuerza el vínculo simbólico entre la antigua colonia británica y el programa científico de China continental.
Tras el acoplamiento, los tres recién llegados se reunieron con la tripulación de la misión Shenzhou-21 —integrada por Zhang Lu, Wu Fei y Zhang Hongzhang—, quienes llevaban más de 200 días en órbita. Ambas tripulaciones convivieron y trabajaron juntas durante varios días antes de que la misión Shenzhou-21 emprendiera el regreso a la Tierra.
Foto cortesía del portal XINHUA ESPAÑOL: XINHUA ESPAÑOL
Un año en órbita: el mayor reto fisiológico de China
Uno de los tres astronautas de la misión Shenzhou-23 permanecerá a bordo de la Tiangong durante un año completo, la estancia individual más larga en la historia del programa espacial chino y una de las más prolongadas en la historia de la exploración espacial humana. La misión pondrá en marcha el primer experimento anual del programa tripulado chino destinado a estudiar los efectos de las largas permanencias en el espacio sobre el cuerpo humano.
Durante ese tiempo, la tripulación llevará a cabo más de cien proyectos científicos y tecnológicos en áreas como:
- Ciencias de la vida en entorno espacial
- Microgravedad y sus efectos sobre materiales y organismos vivos
- Medicina espacial, con especial atención a la pérdida ósea y muscular
- Radiación cósmica y sus impactos en la fisiología humana
- Estrés psicológico durante estancias prolongadas de aislamiento
- Nuevas tecnologías y desarrollo de software para entornos orbitales
- Actividades extravehiculares (caminatas espaciales)
Como explican los científicos del programa, “un año en órbita sitúa al material y a los seres humanos en un régimen operativo diferente al de las misiones Shenzhou más cortas”. Esta información es indispensable para planificar misiones futuras de mayor duración, tanto en la Luna como eventualmente en Marte.

Competencia espacial y cooperación
Este lanzamiento amplía la rivalidad estratégica entre China y Estados Unidos en el ámbito de la exploración espacial. Mientras Pekín apunta a una misión tripulada a la Luna para 2030, la NASA persigue su propia meta para 2028 con el programa Artemis.
En abril de 2026, la agencia estadounidense completó exitosamente el sobrevuelo lunar Artemis II: una misión de 10 días en la que los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen se convirtieron en los primeros seres humanos en viajar hasta la Luna desde el último vuelo Apolo, en 1972.
Shenzhou-23 como ensayo para el alunizaje
La misión Shenzhou-23 no es solo una rotación orbital: es también un ensayo técnico para el futuro aterrizaje lunar chino. Entre sus objetivos de prueba destacan:
- El acoplamiento autónomo rápido con la estación Tiangong, una tecnología crítica para las maniobras lunares
- El desarrollo del cohete Long March-10, el vehículo de lanzamiento diseñado para las misiones a la Luna
- La maduración de la nave Mengzhou (“Nave de Ensueño”), el equivalente chino de la cápsula Orion de la NASA
- El perfeccionamiento del módulo de descenso lunar Lanyue (“Abrazar la Luna”), que permitirá a los astronautas posarse en la superficie lunar
China ya demostró capacidades lunares avanzadas en 2024, cuando recuperó con éxito muestras de la cara oculta de la Luna con la misión Chang’e-6, un logro que ninguna otra nación había alcanzado antes.
Diplomacia espacial: astronautas pakistaníes en Tiangong
Más allá de la competencia con Estados Unidos, China refuerza sus alianzas regionales a través del espacio.
El programa incluye el entrenamiento de astronautas pakistaníes para misiones breves a bordo de la estación Tiangong, consolidando una estrategia de cooperación espacial que busca ampliar la influencia de Pekín entre países en desarrollo y naciones aliadas.
Próximos pasos y objetivos
Tras el éxito de Shenzhou-23, la Agencia Espacial de Misiones Tripuladas de China (CMSA) continuará perfeccionando las tecnologías necesarias para sustentar una presencia humana permanente más allá de la órbita terrestre.
Los principales desafíos científicos que la misión ayudará a resolver incluyen cómo mitigar la pérdida ósea y muscular, cómo proteger a los astronautas de la radiación cósmica acumulada durante meses, y cómo gestionar el estrés psicológico inherente al aislamiento prolongado en el espacio.
El éxito de Shenzhou-23 acercará a Pekín a su objetivo de poner astronautas en la superficie lunar antes de 2030 y de construir una base lunar permanente con Rusia para 2035. El siguiente paso clave será el vuelo de prueba del cohete Long March-10 —previsto para este mismo año— y una demostración de aterrizaje de la nave Mengzhou junto al módulo Lanyue, pruebas que determinarán si China logra consolidarse como la segunda nación en enviar seres humanos a la Luna, más de medio siglo después de que lo hiciera Estados Unidos por primera vez.
La carrera espacial del siglo XXI no se disputa solo en órbita: se decide en los laboratorios de ingeniería, en los centros de entrenamiento y en las decisiones políticas que cada potencia tome en los próximos cuatro años.