Durante ya media década, las herramientas de inteligencia artificial han funcionado como asesores: te explican cómo organizar documentos, te sugieren flujos de trabajo o te ayudan a escribir nombres más claros para tus archivos. Claude Cowork, la nueva propuesta de Anthropic, cruza una línea distinta. No aconseja. Actúa.

Cowork es una aplicación que puede acceder a carpetas locales, analizar lo que contienen y ejecutar tareas reales como renombrar, mover y reorganizar archivos según su contenido. Es el paso de la IA conversacional a la IA agéntica, un modelo que no solo responde preguntas, sino que opera dentro de tu sistema.

La metáfora es sencilla: hasta ahora, la IA era alguien que te decía cómo ordenar la habitación. Cowork es darle las llaves de casa y pedirle que lo ordene por ti.

Un producto potente… y todavía experimental

Anthropic no esconde el estado del proyecto. Cowork se presenta como research preview, una fase experimental que implica aceptar comportamientos inesperados, errores ocasionales y límites técnicos aún en ajuste. No es una advertencia menor: estamos hablando de una herramienta con permisos sobre archivos personales.

En la práctica, ese carácter experimental se traduce en una experiencia irregular. Hay tareas que se ejecutan con sorprendente precisión y otras que se interrumpen por problemas de contexto, errores de interfaz o límites de memoria que obligan a reiniciar la aplicación. En una app de notas sería molesto; en una que toca tus documentos, es un recordatorio constante de que no conviene bajar la guardia.

Por ahora, Cowork solo está disponible en Mac con Apple Silicon, mediante una aplicación de escritorio. El acceso está vinculado a los planes de pago de Anthropic: desde el Pro, de 20 dólares al mes, hasta el Max, de 100 dólares, lo que lo sitúa claramente en el terreno de usuarios avanzados y primeros adoptantes.

“Work in a Folder”: el punto donde todo cambia

La función clave de Cowork se llama Work in a Folder. El usuario selecciona una carpeta y la IA puede inspeccionar su contenido completo. Ese gesto aparentemente trivial convierte el almacenamiento local en un territorio operativo.

Aquí aparece la tensión central del producto: para ser útil, la IA necesita ver documentos reales; cuanto más ve, mejores decisiones puede tomar; cuanto más ve, más información sensible entra en juego. No es un problema abstracto, es una decisión práctica que cada usuario debe evaluar.

En pruebas controladas, Cowork mostró su mayor fortaleza al organizar documentos por contenido, no por nombre o extensión. PDFs con títulos genéricos fueron analizados, renombrados de forma descriptiva y agrupados en carpetas coherentes según su función: informes, material de prensa, documentación técnica. Es una tarea que, hecha a mano, consume horas y desgaste mental.

Para periodistas, investigadores o profesionales que acumulan documentos sin tiempo para clasificarlos, este enfoque supone un cambio cualitativo. La IA no mira el “lomo” del archivo; lee lo que hay dentro y decide en consecuencia.

Cuando la promesa se encuentra con los límites

El mismo sistema que permite ese salto también revela sus debilidades. En carpetas medianas, Cowork llegó a saturar su contexto, obligándose a pausar y “compactar” información antes de continuar. En términos prácticos: puede perder el hilo en proyectos grandes.

También hay límites estructurales. Si un documento no contiene información detallada, la IA no puede inventarla. En pruebas con extractos financieros, Cowork pudo generar resúmenes útiles, pero no desglosar gastos más allá de lo que el PDF indicaba. No hay magia: la calidad del resultado depende directamente de la calidad del dato.

Además, el modelo necesita supervisión. Instrucciones poco precisas producen resultados incompletos, y en algunos casos fue necesario corregir y relanzar tareas para cubrir todo el rango de documentos. Cowork se comporta menos como un sistema autónomo y más como un asistente rápido que necesita dirección clara.

El dilema real: productividad frente a confianza

Más allá del rendimiento, Cowork plantea preguntas incómodas. Incluso con políticas de privacidad claras y separación entre datos locales y entrenamiento, el simple hecho de permitir que una IA vea tus archivos personales cambia la relación con el ordenador.

La recomendación práctica es casi obvia, pero crucial: trabajar con copias de seguridad, usar carpetas duplicadas para pruebas y evitar darle acceso amplio sin necesidad. Probar primero en entornos controlados no es paranoia, es sentido común.

Un vistazo al futuro (con freno de mano)

Claude Cowork anticipa un escenario en el que el caos de carpetas olvidadas deja de ser un problema crónico y pasa a gestionarse con automatización inteligente. El valor potencial es real y evidente. Pero también lo es la distancia que aún separa a esta herramienta de un uso masivo, confiable y escalable.

Por ahora, Cowork no es un mayordomo digital al que se le entregan las llaves sin pensar. Es más bien un prototipo poderoso, capaz de ahorrar tiempo y, al mismo tiempo, de recordarte que delegar en una IA no elimina la responsabilidad: solo la desplaza.