OpenAI se prepara para dar uno de los pasos más delicados y ambiciosos de su historia: sacar a ChatGPT de la pantalla y meterlo en el hogar.
Según un reporte de Bloomberg retomado por Reuters, la compañía trabaja en un altavoz inteligente portátil, sin pantalla y con cámara y sensores, pensado para funcionar como un compañero de inteligencia artificial dentro de casa.
La información apunta a un lanzamiento en 2027, aunque OpenAI no ha confirmado públicamente el producto ni respondió a Reuters sobre los detalles reportados.
La propuesta va más allá del altavoz inteligente clásico. El dispositivo, según lo publicado, podría controlar accesorios del hogar, responder preguntas, reproducir contenido multimedia, contestar mensajes y apoyarse en las capacidades de ChatGPT para mantener una interacción más natural. The Verge añade que el equipo sería recargable, transportable y hasta podría incorporar piezas mecánicas para reforzar una presencia más “humana” frente al usuario.
Detrás del proyecto está la alianza entre Sam Altman y Jony Ive, el exjefe de diseño de Apple. OpenAI integró en 2025 al equipo de io Products y desde entonces ha reforzado su ofensiva en hardware con talento procedente de Apple y LoveFrom. Reuters reportó en febrero que la empresa tiene a más de 200 personas trabajando en una familia de dispositivos con IA, donde este altavoz sería la primera gran apuesta.
La jugada importa porque podría cambiar la relación entre los usuarios y la inteligencia artificial. Hoy ChatGPT ya supera los 900 millones de usuarios activos semanales y OpenAI asegura que más de 150 millones de personas usan cada semana funciones de voz y dictado. Llevar esa experiencia a un objeto físico en el hogar abriría una nueva etapa: una IA menos dependiente del celular, más presente en la rutina y mucho más integrada al espacio doméstico.
Pero ahí mismo aparece el mayor reto. Un dispositivo con micrófonos, cámara y sensores dentro de casa reabre viejas preguntas sobre privacidad, almacenamiento de datos y vigilancia. La FTC ya ha sancionado prácticas vinculadas a Alexa, y el propio centro de ayuda de OpenAI detalla reglas de retención y uso de audio y video en ChatGPT Voice. Por eso, si este producto avanza, no solo tendrá que impresionar por diseño o capacidad: también tendrá que convencer al público de que una IA que escucha y observa en el hogar puede ser útil sin volverse invasiva.
En resumen, OpenAI parece estar preparando algo más grande que un gadget: un intento por convertir a ChatGPT en la próxima interfaz cotidiana de la tecnología. Si el plan se concreta, el futuro ya no pasará solo por hablarle al teléfono, sino por convivir con una IA que quiere ganar un lugar fijo dentro de la casa.