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Sources cited in this video include Xinhua, the Belt and Road Portal, Guinness World Records, NBC News, Smithsonian Magazine, Britannica, Wikipedia, HighestBridges.com, the Allplan engineering database, We Build Value, and Highways Today. All claims independently verified prior to publication.
Footage in this video is used for editorial commentary under fair use. Original footage credited to its respective owners.
En 1999, una sola fábrica en la avenida South Hellman de Ontario, California, produjo 39 millones de linternas en un año. En su punto más alto, Maglite se llevaba uno de cada cuatro dólares que los estadounidenses gastaban en linternas. La llevaban los policías, los soldados, y estaba en el cajón de la cocina de casi todas las casas del país.
Y después, en el espacio de una sola década, ese imperio se deshizo. No porque la empresa se llevara su fábrica a Asia. No porque un fondo la comprara y la desmontara. Maglite sigue aquí: la fábrica sigue funcionando y el fundador, con 95 años, sigue caminando por la planta.
Todo lo que destruyó su imperio cabe en la palma de la mano y costaba unos cinco dólares.
En este documental contamos la historia completa. Anthony Maglica, nacido en Nueva York en 1930, criado en la isla croata de Zlarin durante la Segunda Guerra Mundial, que sobrevivió al hambre y a un pelotón de fusilamiento. Su regreso a Estados Unidos en 1950 sin inglés y sin dinero, cosiendo por 50 centavos la hora. Los 125 dólares que puso en un torno usado en 1955 para abrir un taller de un solo hombre. Y la linterna de aluminio macizo de grado aeronáutico que presentó en 1979 y que el Wall Street Journal llamaría “el Cadillac de las linternas”.
Explicamos las cuatro cosas que derribaron el imperio, en orden. La noche de junio de 2004 en que un agente de Los Ángeles golpeó a un detenido once veces con una linterna metálica delante de un helicóptero de noticias, y el jefe William Bratton retiró la linterna grande del cuerpo más imitado del país. La llegada del LED de potencia en mayo de 2001 y las empresas de Shenzhen —Fenix en 2001, Olight en 2007— que construyeron la cosa nueva sin cargar con cien años de costumbre. La expiración en marzo de 2005 de la patente que había protegido el diseño durante dos décadas. Y el teléfono inteligente, que puso una linterna en el bolsillo de todo el mundo sin cobrar un centavo extra.
También contamos la parte humana: la demanda de Claire Maglica, los 84 millones de dólares que le concedió un jurado del condado de Orange en 1994, los 11 millones perdidos en 2009 y los 200 trabajadores despedidos por primera vez en la historia de la empresa. Y por qué Maglica se negó rotundamente a llevar la producción a Asia, diciendo que no haría rico a otro país empobreciendo al suyo.
Fuentes: Washington Post, Wikipedia, Justia (Maglica v. Maglica, California Court of Appeal), Wall Street Journal y registros de patentes de Estados Unidos.
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